Tali Kimelman
Docente de Técnica Alexander
Coach
Sobre mí
Llegué a la fotografía desde la ingeniería en computación y una maestría en ingeniería biomédica. Durante más de veinte años hice imágenes para clientes y medios de Uruguay y del exterior: publicidad, retratos, arquitectura, editoriales. En paralelo fui desarrollando proyectos personales como Baño de Bosque, donde empecé a explorar una relación más íntima con la naturaleza y con la percepción.
El hacer constante, y un dolor de espalda, me llevaron a la Técnica Alexander buscando soluciones. Encontré algo que cambió mi vida, sobre todo a través de una pregunta que casi desconocía hasta el momento: ¿qué puedo dejar de hacer?
Después de muchos años con la Técnica Alexander apareció el coaching. Dos formas de investigar la atención, el cuerpo y los hábitos que organizan nuestra experiencia.
Hoy doy clases y sesiones donde afinamos la percepción y soltamos esfuerzos innecesarios, hasta que aparece espacio para otras formas de estar, de mirar y de crear.
Si te da curiosidad saber más sobre mí te invito a visitar mi web:
Técnica Alexander
Mucha gente piensa que la Técnica Alexander gira en torno a nuestra postura. Para mí, se trata de la relación entre la atención y la acción, entre la intención y el hábito, entre lo que querés hacer y cómo lo hacés.
Las clases son prácticas, con el contacto de mis manos, y profundamente vivenciales. Más que aprender una serie de ejercicios, vas desarrollando otra manera de notar tu experiencia.
Puede transformar la manera en que hablás en público, hacés deporte, tocás música, cocinás, aprendés, trabajás en la computadora, fotografiás o simplemente te movés por la vida cotidiana.
Casi nunca notás cómo hacés lo que hacés: Te detenés cuando algo duele, cuando un día cualquiera te deja sin energía, cuando la respiración se te vuelve corta. Los hábitos que te llevaron ahí pasaron desapercibidos.
En mis clases la atención es la herramienta. Porque cuando cambia la manera en que mirás, muchas veces también cambia la manera en que actuás.
No te voy a pedir que te estires más ni que te esfuerces más: notamos juntos los patrones de tensión que se volvieron tan familiares que ya ni siquiera los sentís.
A medida que aparecen, descubrís que muchos no son necesarios. Y cuando el esfuerzo de más empieza a soltarse, moverte se vuelve más fácil, la respiración más libre, y quizás te encuentres respondiendo a la vida con un poco más de espacio y un poco menos de urgencia.
Solemos tratar al cuerpo como una máquina: algo que corregir, fortalecer o controlar. A mí me interesa más pensarlo como la apertura de una cámara fotográfica: aquello por donde entra la luz. En nosotros, es por donde el mundo nos toca: la belleza, el dolor, los otros.
Todo lo que hacés, lo hacés con vos.
Cuando dejamos de hacer esfuerzo de más, no solo nos movemos distinto.
También cambia la cantidad de mundo que dejamos entrar.
Hice lo posible por describir la Técnica acá, pero lo más probable es que nunca hayas experimentado algo así, es muy difícil de poner en palabras. La mejor forma de entender la Técnica Alexander es experimentarla.
En las clases individuales, la primera clase es simple: llegás, hacemos cosas cotidianas (sentarte, caminar, hablar) y vas notando lo que aparece. No hace falta saber nada de antemano.
Entré en contacto con la Técnica en 2016 y me formé como profesora en la Escuela de Técnica Alexander de Montevideo. Sigo estudiando con maestros que admiro.
Coaching
Mi forma de acompañar está apoyada en la presencia y en el cuerpo. Trabajo creando las condiciones para que lo profundo pueda moverse: sostener la atención y quedarnos con lo que está pasando, tal como es. No parte de estrategias o soluciones, sino de lo que aparece cuando hay espacio para escuchar.
Trabajo con herramientas de educación sobre el sistema nervioso y la atención y con preguntas simples, construyendo una relación más íntima con la propia experiencia: sensaciones, emociones, impulsos. A través de la curiosidad, y dándole la bienvenida a lo que está pasando ahora, la transformación empieza a darse de una manera orgánica accediendo así a una sabiduría interna que nos puede guiar y una capacidad mayor para estar con lo que la vida propone.
Este espacio suele resonar con personas sensibles, curiosas o atravesando momentos complejos, que buscan algo más honesto que una respuesta rápida: un lugar donde poder estar y escucharse.