Mariana Di Paula

Naci en Montevideo, en abril del 68. A los 8 años asistí a un espectáculo de ballet que inspiró mi vida. Poco tiempo después comencé a estudiar ballet clásico en la Compañía Nacional de Danza de Ecuador. A partir de allí, seguí bailando y descubriendo nuevos lenguajes de danza contemporánea.

En Uruguay fui bailarina fundadora de Contradanza al mismo tiempo que cursaba estudios de Psicología en la Universidad de la República.

Tenía preguntas inquietantes sobre la rigurosidad y exigencia del entrenamiento y la felicidad de bailar.

A los 21 años viajé a Holanda y bailé durante 4 años en la compañía de danza de Marcelo Evelyn en Amsterdam. El desafío era la expresión auténtica desde la poética del cuerpo.

Me formo como docente de Tecncia Alexander en la escuela Holandesa de Tecnica Alexander,dirigida por Arie Jan Hoorweg. Visito regularmente la escuela en Londres dirigida por Walter Carrington.

En 1997, de vuelta en Uruguay comienzo con la enseñanza de la Técnica Alexander y en el año 2009 fundo junto a Carmen Tarnowski , la Escuela Uruguaya de Técnica Alexander para la formación docente y la investigación.

En el año 2020 empiezo a enseñar en la escuela nacional de danza del SODRE en las áreas de danza contemporánea, folclore y tango .

Sobre mí

“Nunca desestimes el poder de un pequeño movimiento”

Encuentro con la Técnica Alexander

La TA se cruzó exactamente cuando estaba en un buen momento de mi desarrollo como bailarina profesional. Un buen momento en relación a que estaba bailando profesionalmente en un grupo de danza en Amsterdam, cuyo centro era la investigación de la expresión. El cuerpo y la dramaturgia eran el material de trabajo . Luego de muchos años de entrenamiento en técnicas de danza moderna e incluso en danza clásica, no sentía mi cuerpo preparado para esa auténtica expresión, Me sentía a los 24 años “dura” en mi expresión, limitada, y frustrada. Las técnicas de danza no hacían más que reforzar esta vivencia. En este contexto comencé a tomar clases de TA. Fue como un amor a primera vista. La primera clase me reveló una manera de estar diferente y un enorme espacio para observar sin juicio. La curiosidad no tenía la exigencia del resultado a producir. Me encontré con un profundo respeto por mi misma. Empecé la formación y claramente la danza como la practicaba hasta ese momento dejó de tener sentido. Las formas eran imposiciones en el cuerpo, como un disciplinamiento irrespetuoso. Claro que fue un duelo enorme porque confiaba que en algún lugar estaba mi amor por el movimiento, la libertad , la energía , la conexión con el mundo a través del movimiento. Deje de “bailar” por un tiempo. Hasta que un día como mágicamente me pregunté ¿cuándo dejé de bailar?, me di cuenta que nunca. La danza era un estado propio que buscaba formas , ritmos, encuentros, expresiones, sucedía por sí misma. ¡Estaba bailando todo el tiempo!

algo

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mdipaula2@gmail.com

@dipaulamariana

Zona de trabajo: Malvín, Montevideo, Uruguay